Valores de marca
Ésta es la última columna
que Manolo ha escrito para Vanidad. Tendría que haber salido
publicada en el número de marzo del 2006, pero los de Vanidad
la han censurado. La razón, según le dijeron a Manolo
por teléfono, es que están preparando un contrato con
Coca-Cola para organizar unas fiestas modernas y no quieren poner en
peligro el negociete. Pues nada.
Manolo, por supuesto, ya no va a
escribir más allí pero aun así opina que tiene
que pediros disculpas. Opina también que ojalá hubiera
escrito esta columna o una parecida cuando empezaba a colaborar con
Vanidad, así habría quedado todo más claro desde
el principio y no estaría ahora arrepintiéndose de
nada.
A Puigjaner, en la columnita “Puigjaner
y Ramírez” que Manolo escribe para la revista Nativa, le ha
pasado algo parecido. Podéis leerlo aquí.
(01-03-2006)
Bastaría con que fuera
ilegal mentir en la publicidad para hacer imposible que cierta clase
de espabilados se quedaran con nuestro dinero. “Cierta clase”,
porque espabilados hay muchos y algunos no se anuncian sino que te la
clavan doblada sin mediar palabra. Pero vamos, que con pararles los
pies a los que se anuncian ya nos ahorraríamos un montón
de pasta.
A ver, mentir es ilegal,
claro. Oh, pero mentir, mentir... ¿Qué es mentir?,
pregunta el brazo ejecutivo del Estado clavando su pupila azul en la
nuestra. Porque no es tan fácil el asunto: "publicidad
engañosa”, como tantas otras expresiones, tiene un rango
indefinido de aplicación y hay casos en los que cuesta ponerse
de acuerdo sobre si alguien está mintiendo o no y etc. etc.
Todo muy difícil.
Según el último
anuncio de Coca Cola Light, que es a lo que iba yo hoy, hay que
aplaudir a los que llevan flores por la calle y a los que lo dejan
todo para montar un chiringuito en la playa, verdades ambas que son
(pongamos) inapelables. La pregunta que me hago es qué cojones
tendrá todo eso que ver con Coca Cola Light.
La pregunta tiene dos
respuestas, como en los dilemas de toda la vida: Quien contesta “Ni
tiene que ver el culo con las témporas del año, ni Coca
Cola Light con ir con flores por la calle” está optando por
perdonarles. Si Coca Cola España se gasta su dinero en decir
cosas que no tienen nada que ver con ellos, se les podrá
acusar de manirrotos o de tontos del haba, pero no de mentir. Ser
tonto no es ilegal; bastante tienen los tontos con lo que tienen. Por
otro lado, quien contesta “Tiene muchísimo que ver. Coca
Cola Light es un producto que incorpora en su mismísima
esencia los valores que comunica. Coca Cola Light es la rebeldía
contra la convención anquilosante, Coca Cola Light es
chispeante emancipación, Coca Cola Light es la burbujeante
libertad sin nada de calorías. Haz lo que bebas”, ése
está ofreciendo razones para que compremos el producto, ¿no?
Ofrece un servicio a quien quiera rebelarse contra la convención
anquilosante. Funciona así: si el producto tiene la rebeldía
en su esencia, y yo bebo el producto, y se produce una transferencia
de valores entre su esencia y mi esencia, entonces me rebelo yo mismo
contra la convención anquilosante, quod erat demonstrandum.
Pero, claro, esto sí que es una mentira y de las tristes. Coca
Cola Light no tiene “esencia”, tiene agua, aroma y edulcorantes.
Cuando la bebemos no nos pasa más que esto: nos pasa un
líquido por la garganta abajo y luego tenemos menos sed y más
gases.
Según esta segunda
respuesta al dilema, el anuncio dice algo sobre el producto y es
mentira. Según la primera respuesta, el anuncio no dice nada
sobre el producto y es verdad. Entonces, ¿qué pretende
Coca Cola España? Quizá pretende que entendamos algo
parecido a la segunda interpretación pero manteniendo la
posibilidad de refugiarse en algo parecido a la primera si alguna vez
vienen mal dadas. Que, total, casi nunca vienen mal dadas porque la
administración sabe que retirarle un anuncio a Coca Cola
España es arriesgarse a tener movidas con ellos y mucho
“malestar” en la dirección de la empresa, y eso sí
que no. Malestar directivo,
jamás.
Coca Cola Light es un líquido
potable de sabor dulce. Eso es probablemente suficiente para
justificar su existencia; uno se aburre de beber agua sola. El
problema es lo que nos queréis cobrar, espabilados.
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