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Obituario
de Manolo Martínez

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Miércoles, 08 de Septiembre de 2010. 
ARTICULOS ASTRUD
Todo el mundo finge
Artículo para el Vanidad de octubre del 2005. Manolo estaba nervioso por algo, o algo. (01-10-2005)

O es que al final no habrá que acabar dudando de la honestidad de la gente. Por ejemplo, de los ensayistas. Sí, de todos; hoy me he levantado expeditivo.

Lees sus libros, los ves hablar por la tele, y piensas “no tienen ni puta idea”. Que no se ofenda nadie, hay muchos asuntos sobre los que no se puede tener ni puta idea. Por ejemplo, no se puede tener ni puta idea de astrología porque no hay nada que saber; o sobre santería. (Ya que estamos, en mi barrio hay un santero que asegura que te refina el genoma. Si a alguien le interesa le doy la dirección).

Pero hay otros asuntos que a primera vista son importantes, asuntos sobre los que merece la pena estar ahí, liados, hasta que salga a la luz la madre del cordero y el quid de la cuestión: asuntos como la “verdad”, el “sentido” de las cosas, la “condición humana”. Sin embargo, a lo que se ve, también es imposible que sobre eso nadie diga nada que merezca la pena. Y mira que todo el mundo piensa sobre esas cosas, ¿no? Sólo pensamos tonterías, claro, pero uno se dice: “Será porque no tengo ni puta idea; la gente que haya dedicado una vida a esto lo tendrá mucho más claro”. Así que buscas en internet, o en una librería, y te pones a leer. Hasta que, al cabo de varios cientos de páginas te dices: “Todo esto me parece absurdo e incomprensible (ni puta idea, etc.). Será porque aún no entiendo las sutilezas. Cuando lea más, seguro que pillo por qué lo que dicen es útil, o verdad”. Lo más probable es que lo dejes ahí, pero, a lo mejor, si estás muy interesado o muy aburrido, seguirás leyendo. O, si tienes quince años cuando te pasa todo eso, te pones en serio y al correr de los años eres uno de ellos. Un experto en esos asuntos, aunque sigas sin tener ni puta idea; y mientras esperas a verlo claro mates el tiempo escribiendo sobre el asunto en cuestión, discutiendo con tus colegas sobre abstrusas características secundarias del asunto hasta que te mueres o te jubilas. Mientras los demás estamos esperando a que des con la clave y nos la expliques, payaso.

Gilles Deleuze, uno de mis farsantes favoritos, dice algo muy plausible: “¿Cómo escribir si no es sobre aquello que no se conoce, o que se conoce mal? Pues sólo sobre esas cosas creemos tener algo que decir”. Deleuze era un tipo perspicaz, y un verdadero artista, pero estaréis de acuerdo en que, si uno pretende extraer conclusiones de sus libros, va apañado. Porque sus libros son ininteligibles. Así que seguramente lo que le pasaba era eso: empieza a escribir cuando cree que tiene algo que decir, algo que entiende mal, algo sobre lo que no está seguro; poco a poco se da cuenta de que en realidad lo que le parecía algo no era nada, que no hay nada que decir. Pero cómo dejarlo ahora, con lo bien que se lo está pasando y, en fin, la beca, la cátedra, la carrera. Además, que pensar es precisamente eso: no estar seguro, orientarse a tientas por el laberinto de etc. etc.

Excusas para no reconocer que sería mucho más honesto levantar en ese mismo momento el bolígrafo del papel. Si le preguntas, te dirá que estos temas no se dejan pensar; pero nos hace falta pensarlos; pero no se puede; pero il faut. Y, si en el rato que pasa haciendo todo eso, se muere o se jubila, pues ya está.

 

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Miércoles, 08 de Septiembre, 2010.