¿Qué has dicho? No se te entiende
Artículo de Manolo para el Vanidad de verano. "Lo del matrimonio homosexual (...)" (01-07-2005)
Lo
del matrimonio homosexual. No voy a repetir nada: está claro
lo que opina cada uno, y total la ley ya está aprobada. Sin
embargo hay un argumento divertido que se ha utilizado estas semanas
en contra, y que me apetece comentar. Es el siguiente:
“Parte
del significado de la palabra “matrimonio” consiste en que sólo
puede darse entre un hombre y una mujer. Por tanto, un matrimonio
homosexual es imposible; supone una contradicción en
términos.”
El
argumento es divertido por el golpe de efecto retórico: quien
lo propone parece decir “no necesito bajar a consideraciones
antropológicas o morales sobre el matrimonio gay. Me basta con
examinar el concepto, la esencia de la cosa, para demostrarte que lo
que pides no es que sea una aberración social; es que es
incoherente, un sinsentido”. En qué lugar nos deja eso a los
que pensamos que está bien que se puedan casar dos hombres o
dos mujeres si les da la gana. Nos deja en el lugar de los
mostrencos; por no saber, no sabemos ni lo que significan las
palabras que usamos.
Por
suerte, como suele pasar en estos casos, el argumento además
de divertido es falaz. Es una regla de oro: cuando un argumento a
priori (de los que se pueden pensar desde un sillón, sin que
haga falta salir a la calle o hacer trabajo de campo) arroja una
conclusión que va en contra del sentido común, a menudo
el argumento a priori falla por algún lado.
Este
argumento falla, primero, porque su conclusión es demasiado
fuerte: si la expresión “matrimonio homosexual” no tiene
sentido, esto quiere decir que todo el debate social, todas las
razones a favor y en contra están formuladas en el vacío,
todo lo que se ha escrito y dicho sobre el tema vale lo mismo que la
frase “Este mechón me desciende el número ciento
cuatro”. O sea, no es que sean malas razones o un mal debate, es
que es un balbuceo incoherente, palabras amontonadas que no
significan nada. Y eso no es así; todos entendemos de qué
se está hablando cuando se habla del matrimonio entre personas
del mismo sexo, y todos entendemos las razones a favor y en contra.
Segundo,
el argumento falla porque no distingue entre el significado de una
expresión y lo que el diccionario dice sobre ella. El
diccionario da mucha información que es útil para
identificar el concepto que nos interesa, pero que no es ni necesaria
ni suficiente para que el concepto en cuestión pueda
aplicarse. Por ejemplo, el de la RAE dice que el agua es “el
componente más abundante de la superficie terrestre”, pero
esto no es una verdad necesaria: si mañana se evaporase la
mitad del agua de los océanos esto no obligaría a que
la palabra “agua” cambiase de significado. También dice
que el gato es “muy útil en las casas como cazador de
ratones” pero, sin duda, aunque mañana mismo se extinguieran
todos los ratones, esto no significaría que ipso facto
los gatos también dejarían de existir. Pues lo
mismo; que la RAE diga que el matrimonio es “unión de hombre
y mujer” no quiere decir que esto sea una condición
necesaria de la aplicación de la palabra. Y un perro con tres
patas sigue siendo un perro, y un montón de cosas más,
puro sentido común.
Todo
el mundo sabe de qué estamos hablando cuando hablamos de estas
cosas. Si alguien finge no entender hay que darle una colleja y
decirle “Presta más atención”.
Nota:
si os interesa este tema, podéis leer la
declaración de Adèle Mercier como testigo en el
juicio sobre el matrimonio homosexual en Canadá. Adèle
es una filósofa del lenguaje, y dio en ese juicio los
argumentos de más arriba, y otros más. Ganaron ellos, y
desde febrero de este año ya se pueden casar dos personas del
mismo sexo en Canadá.
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