Hello Cuca
El artículo de junio de Manolo para Vanidad es un elogio de Hello Cuca. (01-06-2005)
Cada
vez que nos preguntan qué grupos nos gustan, o qué
grupos españoles nos gustan, o qué discos nos han
gustado, respondemos que Hello Cuca: “Hello Cuca”, “Hello
Cuca”, “el disco de Hello Cuca”. Nunca da tiempo a explicar por
qué, y es por un montón de cosas.
Primero
y segundo, porque dicen las cosas precisamente. Esto tiene dos
partes: las cosas, es lo que dicen precisamente; no
cualquier originalidad sin importancia, ni van por ahí
“explorando los límites del sentido”, sino que se
preocupan (como todos a la hora de la verdad y como los más
valientes a la hora del arte y de la teoría) por el sexo, por
llorar, el amor, los cumpleaños. Las cosas que importan. Y,
luego, dicen las cosas precisamente; las cosas separadas entre
sí y del fondo, cada cosa dentro de la frase que le haya
buscado Mabel (la bajista y letrista), diciéndose claramente;
sin reírte las gracias pero arremangándose: “¡A
contar! ¡A llorar! ¡A lo que sea!” y dejando claro qué
es lo que falla, sin admitir excusas ni darlas tampoco. No quiero
decir que las letras de Hello Cuca vayan diciendo verdades, sino que
lo que dicen refleja la verdad. Eso es algo muy distinto, mucho más
difícil. Decir verdades es lo de los refranes, o responder la
hora que es cuando te preguntan qué hora es. Reflejar la
verdad es otra relación entre el lenguaje y las cosas; una
relación de imitación, como las onomatopeyas o la “o”
del bostezo, pero entre una canción por un lado y algo difícil
de explicar por el otro.
Tercero,
en directo son increíbles. Son un trío de rock,
guitarra, voz, batería y bajo, y cada vez tocan mejor. Lidia
(la cantante y guitarrista) ha aprendido a hacer esa especie de solos
de blues del desierto en cualquier posición, aunque sus fans
la estén llevando en volandas por la sala. Grita sin parar y
se entiende todo lo que dice. Alfonso (el batería) toca sin
platos, casi, o en todo caso usa muchísimo más el
timbal bajo y las maracas, y Mabel lo va siguiendo con el bajo y toda
la sala resuena por lo bajo, en plan africano, en plan poesía
beat mientras Lidia grita y hace sus solos.
Cuarto,
son increíblemente atractivos. Lidia y Mabel son guapas y
misteriosas (porque son hermanas) y Alfonso es altísimo y
delgado y lleva la cabeza rapada. Tienen todos esos contrastes tan
guays: grande/pequeño -niño/adulto – chica/chico. Dos
hermanas delante con cara seria y un tipo altísimo detrás
que es como su hermanastro, o el único que las entiende o algo
así. Es irresistible.
Quinto,
poseen una cultura enigmática e interesante. Les gustan grupos
que no hemos oído. Dicen en una letra “No tienes el dragón”
y no puedes evitar pensar que “el dragón” es algo
imprescindible de lo que no has oído hablar porque no estás
dentro de donde sea que están ellos. Han leído unos
libros insólitos, que no se compran, sólo se prestan,
unas fotocopias encuadernadas en canutillo que corren por ahí
desde los años sesenta. Se cartean con extranjeros, tienen un
sello y un fanzine.
Sexto,
ellas son de La Manga del Mar Menor. Esto ya es suposición
mía, pero ser de un sitio como ese, que a la gente le parece
como de mentira, te debe de hacer ver el mundo de otra manera: lo
efímero es un cucurucho de churrería tirado en el
césped de un edificio de apartamentos, etcétera.
|