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Miércoles, 08 de Septiembre de 2010. 
ARTICULOS ASTRUD
Morrissey en el MEN Arena
Artículo de Manolo para el Rockdelux. Manolo asistió al primer concierto que Morrissey daba en Manchester en muchos años, y fue incapaz de conectar. De hecho, Manolo cree que nadie conecta nunca y que todo el mundo miente más que parpadea, él incluido. (01-07-2004)

El 22 de mayo del 2004 Morrissey tocó en Manchester. Era la presentación europea de su primer disco en siete años, su primer concierto en la ciudad desde 1992 y, además, su cuadragésimo quinto cumpleaños.

Ya se sabe que las ocasiones irrepetibles y los objetos irrepetibles son una estafa. Puedo dar innumerables ejemplos porque esta regla no conoce excepciones: el 2 de enero del año 2000 todo el mundo se sintió idiota: “así que el nuevo milenio era esto”; cumplir treinta años es indistinguible de cumplir veintinueve, ritos de paso aparte; la entrada firmada de un concierto es un papel con marcas de tinta encima.

Otros nombres para la misma estupidez son: marco incomparable, second coming, homenaje emotivo, el día más feliz de mi vida, edición de coleccionista, mi primera colonia, Concierto Único. Las ocasiones irrepetibles no funcionan, no existen, son un espejismo o un negocio.

Dicho esto, diez minutos antes de que se pusieran a la venta las entradas ya estaba sentado delante del ordenador y, tres cuartos de hora más tarde, tenía el resguardo de un ticket (para estar de pie; nadie quiere estar sentado en un concierto de Morrissey), el localizador de un vuelo barato Barcelona-Manchester-Barcelona y una reserva de dos noches de hotel; todo resguardado, localizado y reservado para la Ocasión Irrepetible.

El viernes veintiuno de mayo por la mañana ya estábamos allí. Yo tenía previsto visitar el número 384 de Kings Road (allí conoció a Johnny Marr, allí escribió los guiones para Coronation Street y las cartas al NME, allí está la habitación a la que volvía por la noche con el corazón en un puño, ¿no?), el Salford Lads, the Southern Cemetery, the iron bridge: en resumen, el parque temático Morrissey al completo. Lo pasé muy bien. Iba cantando las canciones a propósito en cada sitio; me llovió un poco, turísticamente, mientras leía con gravedad las lápidas; pude colarme por un hueco de la alambrada hasta situarme inequívocamente debajo de un puente de hierro que quizá fuera aquél (aunque sin besar a nadie). Charlé con una chica en el autobús que pensaba que los Smiths eran demasiado tristes. Pensé en ir a alguna de las fiestas pre-concierto, pero al final nos quedamos en el hotel.

Al día siguiente, los que querían estar en primera fila del concierto habían quedado a las seis de la mañana en la puerta del MEN Arena. Yo llegué hacia las tres de la tarde, tres horas antes de que abrieran puertas, y aún no habría cincuenta personas esperando. Eso sí, entre ellos ya estaba toda la aristocracia mundial de los fans de Morrissey:

Julia Riley, que ha asistido a todos sus conciertos desde 1997; y “todos” quiere decir Tokio, Copenhague, Cuyahoga Falls; absolutamente todos. Es la “Julia” que Morrissey saluda en los últimos conciertos: “Julia, ¿dónde has dormido esta noche? Julia, por Dios santo...”. Sale en los agradecimientos de Quarry.

Manuel Ríos, cantante y compositor de Alpino, autor del fanzine “Morrissey, Drive Me Home”. Morrissey también le saludó en Manchester durante el concierto.

David Tseng, web master de morrissey-solo.com, la web de la resistencia pro-Morrissey durante todos estos años sin disco y sin entrevistas. Según se dice, David llevó a Morrissey a jugar a los bolos un par de veces durante sus primeros meses en Los Angeles. Los que le conocen no esperaban que apareciera, porque últimamente Morrissey se ha portado muy mal con él. Primero, le mandó a sus abogados por un rumor que David publicó en su página. Segundo, en los meses previos a Quarry abrió su página oficial, ninguneándole a él y a morrissey-solo. Allí estaba David, no obstante.

También tres franceses con tupé que me sonaban de otros conciertos, varias decenas de los famosos fans chicanos de Morrissey, una italiana de dieciocho años (que perdió el conocimiento durante el concierto; era el primero al que iba), Luis, su mujer y algún mancuniano que otro. Abrieron las puertas puntualmente a las seis y todos corrimos en pos de la primera fila. Yo acabé justo en la segunda, detrás de Manuel y Julia.

Primero tocó Damien Dempsey. Una de sus canciones se llama “Negative Vibes”, ya se entenderá lo que opino. Seguro que hay una historia detrás de teloneros como Sack y Damien Dempsey; una broma perversa que Morrissey nos gasta a propósito de sus gustos musicales, o una deuda de gratitud entre primos segundos. Por supuesto, quizás le gustan en serio. Luego tocó Franz Ferdinand. Luego, lo de la ocasión irrepetible.

El Steven Patrick Morrissey del año 2004, vestido de traje, con un arbusto colgando de la bragueta, con su banda de siempre, riéndose de Britney Spears (parece tan obvia, se da tan por descontada la estupidez de la música de consumo, que vuelve a ser subversivo y entrañable cuando alguien se toma efectivamente el tiempo de reírse de Britney Spears; ya está bien de postmodernidad, a veces), cantando las canciones que son la causa de todo, al otro lado de la zanja impracticable que nos separa a todos, a él, de los Smiths.

En el público, mientras, manteníamos la cabeza a flote como se podía, sobrenadando las oleadas del pogo optimista y exigente que se organiza en las primeras filas, mientras dejábamos constancia de que, Oh, Steven, etc.

Y las letras hechas de bombillas que habéis visto en las fotos, la camisa que nos tira para que la destrocemos, todo lo que no sirve para nada. De pronto, el bis, y de pronto se vacía la sala. Si eres suficientemente cursi, da igual que te guste el concierto; lo que quieres es tener el concierto. Tener, esto es, la permanencia de todo en toda su densidad, contigo. Nada de DVDs, nada de atesorar memorias, nada de que me quiten lo bailao. En fin, algo que no puede ser, que ni siquiera es mientras el concierto transcurre y, claro, “para qué nada” y “he caído otra vez”. Es inútil pretender que pase una cosa concreta. Es inútil pretender que nada sea de una sola, sólida manera. Esto ya es suficientemente deprimente como para complicarlo con presuntas ocasiones irrepetibles. Por si sirve de algo: que nadie se deje engañar nunca más. Me di la vuelta yo también y me puse a buscar a gente conocida.

Después del concierto, comentamos las frases más ingeniosas o los cambios de letra que no habíamos oído todavía (por ejemplo, que cantó “by Friday, this life has killed me” en lugar de “by Friday, life has killed me”; ése era el nivel de detalle). Luego unos se quedaron en un pub y otros nos fuimos al hotel.

Antes de meternos en la cama pasaron aún dos cosas. Primero, mientras comprábamos un sándwich, tuve esta conversación con el encargado de seguridad del cornershop:

-¿Qué pone ahí? –me dijo, señalando la chapa que yo llevaba en la solapa.

-“He perdonado a Jesús”. Es el título de una canción de Morrissey.

-Y ése, ¿quién es?

-Mira, es éste –le respondí, señalando la portada de una revista.

-Y qué pasa, ¿qué no cree en Jesús? ¿Tú qué eres, un ateo?

-Eh... Creo que se refiere a un Jesús cualquiera, es como si hubiera dicho “He perdonado a Frankie”.

-Ah, vale, vale. Lo siento.

Luego, cuando volvíamos al hotel, dos tipos malencarados nos interpelaron:

-Vosotros, venid aquí.

Nosotros apretamos el paso y cuando estábamos a punto de doblar la esquina me gritaron:

-¡Tú estabas delante de casa de Morrissey!

Y a dormir.

 

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Miércoles, 08 de Septiembre, 2010.